En febrero de 2026, varios medios especializados reportaron que grandes empresas están utilizando herramientas de inteligencia artificial para asistir en la elaboración de evaluaciones de desempeño . El uso documentado incluye la síntesis de comentarios de múltiples revisores y la estructuración de retroalimentación escrita. Expertos en trabajo digital señalaron en el mismo periodo que la decisión final debe permanecer bajo responsabilidad humana .
El fenómeno no es experimental. Se está integrando en procesos formales de gestión del talento.
Las evaluaciones de desempeño ocupan una función estructural en la organización. Sirven como base para decisiones sobre compensación variable, promociones y, en ciertos casos, continuidad laboral. Cuando una herramienta participa en la elaboración del documento evaluativo, pasa a formar parte del entorno donde se configura el juicio directivo.
Los casos reportados describen un uso específico: la IA interviene antes de la validación final del manager. Resume comentarios, propone redacciones más claras y organiza información dispersa. No sustituye formalmente al evaluador.
Sin embargo, la herramienta influye en la representación escrita del desempeño. El documento resultante no es únicamente una transcripción de observaciones humanas; es un producto que incorpora una capa de mediación tecnológica.
Ese cambio es estructural. Se modifica la relación entre observación, redacción y decisión.
Las organizaciones con alta escala enfrentan desafíos de consistencia en evaluaciones. La IA ofrece uniformidad en estructura y lenguaje. Esa uniformidad reduce dispersión estilística entre áreas.
La homogeneización puede mejorar comparabilidad interna. También puede alterar la manera en que se expresan matices individuales. La evaluación deja de reflejar exclusivamente el estilo del evaluador y comienza a ajustarse a patrones sugeridos por el sistema.
El efecto es acumulativo. A mayor adopción, mayor convergencia en forma y tono.
Las evaluaciones forman parte del expediente laboral. En escenarios de revisión interna o disputa, la organización debe poder explicar el proceso mediante el cual se construyó el documento.
Cuando la IA participa en su elaboración, surge una exigencia adicional: identificar qué componentes fueron generados o sugeridos por la herramienta y cuáles responden al criterio directo del evaluador.
La cuestión no es tecnológica. Es probatoria. Sin registro claro de intervención, la organización pierde visibilidad sobre el proceso.
La incorporación de IA en evaluaciones no altera la autoridad formal del manager. Modifica el entorno cognitivo donde ese juicio se articula. El evaluador interactúa con resúmenes, sugerencias y estructuras previamente organizadas por el sistema.
Esa interacción influye en la forma en que se interpreta la información disponible. La decisión continúa siendo humana. El marco que la ordena incorpora mediación algorítmica.
El cambio es gradual y, en muchos casos, invisible.
La adopción documentada en febrero indica que la práctica se está normalizando . La discusión relevante para líderes de talento se centra en el diseño del proceso:
Definir el alcance permitido de la herramienta.
Establecer criterios de registro de uso.
Confirmar validación humana explícita.
Conservar evidencia asociada a cada decisión.
La evaluación de desempeño sigue siendo un acto organizacional formal. La integración de IA redefine las condiciones bajo las cuales ese acto se produce.
Gabriel Mata
I aim to bridge the gap between achieving company goals and nurturing employee well-being, creating environments where success and satisfaction thrive in harmony.